Me levanto, y enciendo la televisión. Llego a mi casa, y enciendo la televisión. Esta acción de encender la televisión la realizo a diario, pero ¿a qué no sabéis qué? Prácticamente no la veo nunca. Todo el mundo dice que la radio es el único medio de comunicación capaz de hacer compañía a las personas, pues yo discrepo. No son pocas las veces que enciendo la televisión para que se oiga algo en mi casa, y más ahora, en época de exámenes, me paso casi todo el día en mi casa estudiando. A nadie le gusta estar solo, eso está claro. Es una sensación muy triste. Así que enciendo la televisión para no sentir ese silencio tan abismal que me mortifica. ¿Gasto innecesario de electricidad? No es innecesario si a mí me hace sentir mejor, ¿no creéis? Incluso hay veces que simplemente la enciendo para que mi perro también oiga algo, el pobre siempre está solo en casa.
Bien, todo esto que os acabo de contar tiene unas consecuencias: como os he dicho veo muy poco la televisión, la enciendo para no sentirme solo en mi casa. El problema viene cuando la veo, porque siempre que la miro durante unos pocos minutos están dando programas sin sentido. No entiendo como la gente puede pararse tanto tiempo a ver la televisión viendo cosas tan poco provechosas. Porque la televisión es un pasatiempo, pero un pasatiempo absurdo. Se pierden horas y horas viendo programas que no aportan nada podríamos poner como ejemplo a Sálvame pero no me gusta resultar previsible ni repetitivo. Hablemos entonces de la ingente cantidad de concursos que se incrustan en nuestro cerebro a través de nuestra rutinas para ver como la gente no logrará ganar prácticamente nunca. Series americanas con risas enlatadas que no merecen ni que las mencionen (un día os mostraré mi pensamiento a cerca de las personas que no hacen otra cosa que adorar las culturas extranjera, tengo una versión muy peculiar, os lo aseguro). Reality shows tan repetitivos como que algunos ya van por su edición número 13, sí, he dicho 13, basta de supersticiones, y no, no os equivocais, me refiero a Gran Hermano; ahora parece que han intentado innovar con una versión nueva de La Granja, el llamado Acorralados, pero que es más de lo mismo. Y para colmo los protagonistas de este último género de programa televisivo, son famosos. No tenemos bastante con los programas del corazón como para que queramos ver un tipo de programa que empezó como un experimento sociológico y nos encontremos también con los dichosos famosos, que encima son famosos de pacotilla la gran mayoría que están en ese mundo por haberse metido con otro, por haberse liado con alguien importante y demás, porque yo no veo que en un programa de esos salga David Bustamante, Rafa Nadal, o Isabel Pantoja (simples ejemplos), no señor, sale su hijo, que es famoso por eso mismo. Lo poco que queda de experimento sociológico es cuando se enrollan unos con otros; las principales consecuencias de que salgan famosos es que no hacen otra cosa que sacarse trapos sucios los unos a los otros que provocan un aumento de la bola tan grande de suciedad televisiva.
Sin embargo, el otro día me sorprendí y bastante además, porque en esos instantes previos a caer profundamente dormido, en los que normalmente me dedico a ver Aquí no hay quien viva (fijaros si es buena la serie, que no me canso de ver los capítulos una y otra vez, pero lo más importante, no soy el único), examinando la lista de canales, llego a los últimos que no sabía ni que existían, y veo Discovery MAX. ¡Por fin! Un canal decente en el que puedes aprender cosas, siendo el representante público del tan famoso Discovery Channel privado. Lo malo es que aún está empezando y no tiene una programación completa, están en emisión de pruebas. Pero es una oleada de esperanza al mundo de la televisión, ojala haya más iniciativas de este estilo. Propongo una renovación total de la programación televisiva de este país, que se esfuerzen por sorprender a la audiencia, aunque la culpa es de ella (no me incluyo) por ser tan poco exigente y conformarse con cualquier cosa. Lo mismo que ocurre con el cine, pero ese es otro tema. Además, ¿para qué ver la televisión, existiendo un blog tan interesante como éste?
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